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Can Castellvi: Una decepción como restaurante familiar

Can Castellví ¿Qué promete?

La web de Can Castellví es de los primeros resultados que aparecen en Google si buscas un restaurante para ir con niños en Cataluña. Allí anuncian que es el lugar ideal para ir con niños porque está en un entorno natural precioso, tienen servicio de guardería para cuidarlos mientras los adultos comen, una granja para conocer a los animales y un jardín encantado dónde  jugar.

Parecía el sitio perfecto para ir en familia pero salimos terriblemente decepcionados. A este restaurante le falta mucho trabajo para acoger adecuadamente a las familias con niños pequeños.

El entorno es precioso pero ¿dónde aparcamos?

Nada más llegar ya nos encontramos un problema. Nadie puede negar que el restaurante está en un sitio precioso, rodeado de vegetación, con un riachuelo y un puente de madera ideal para pasear y que jueguen los niños después de comer.

riachuelo y vegetacion
El entorno es lo mejor del restaurante.

Pero, antes de poder disfrutar del entorno natural,  tuvimos que dar bastantes vueltas para aparcar. El espacio de parking que pertenece al restaurante es pequeño. Además, no está bien señalizado dónde está el restaurante, dónde la granja y en qué sitios se puede aparcar. Al final, optamos por ir hacia el pueblo y dejar el coche en la calle.

El restaurante: Cómo comen los niños

Aunque aparcar no fue sencillo, la verdadera odisea comenzó cuando entramos al restaurante. Desde el principio, tuvimos que recordar a los camareros que mi hija y yo somos celíacas. Al hacer la reserva, ya avisamos de la necesidad de comer sin gluten y desde el restaurante nos aseguraron que lo tenían en cuenta. Por desgracia, la realidad fue que tenían muchísimo desconocimiento de la dieta sin gluten y, después de comer allí, comprobamos que no podían ofrecer menús 100% apto para celíacos.

Al poco de llegar, nos hicieron subir  al piso superior, donde debían comer los niños antes de ir a la granja. Primera sorpresa: Los peques comen en un salón sin ventilación ni aire acondicionado, con un calor terrible y con platos y vasos de plástico desechables. Según nos habían dicho, el servicio de monitoraje comenzaba a la una, en cuanto se ponían a comer los niños. Pero había un solo camarero para servir y los padres debíamos quedarnos de pie al lado de los niños hasta que los llevaran a la granja.

El menú dejaba mucho que desear: macarrones con tomate y salchichas con patatas congeladas. De nuevo, recordamos que mi hija es celíaca y le cambiaron los macarrones por un arroz. Para el segundo plato, nos sorprendió que le dieran las mismas salchichas que al resto de niños pero nos aseguraron que eran sin gluten. Por desgracia, horas más tarde pudimos comprobar que nos habían engañado y que sirvieron a mi hija un plato con gluten siendo celíaca. Para el postre el camarero nos dio a escoger entre dos helados y nos preguntó si podíamos leer nosotros los ingredientes para saber si alguno de los dos era sin gluten. Por suerte (¿y de casualidad?) uno lo era. Nos dio la sensación que, de nuevo, no tenían preparado un menú específico para celíacos.

Una vez los niños terminaron de comer, un par de monitores los reunieron en la escalera que bajaba al restaurante y se los llevaron. Para nuestra sorpresa, fue tarea de los padres explicarles a los niños qué iban a hacer y organizarlos para que se los llevaran. Todos se fueron, menos mi hija que no quiso irse con ellos y bajó a comer con nosotros.

El menú de adultos: Caro y nada apto para celíacos 

Cuando llegó el turno de los adultos, ya me di cuenta de que la cosa no iba a mejorar mucho.

Para empezar, les recordé que yo también soy celíaca y me dijeron que “podría elegir muchos platos del pica pica de entrantes y luego escoger el segundo sin gluten”. La realidad fue que sólo pude comer una pequeña ensalada y un trozo de carne seca ¡Por 33€ que cuesta el menú! Ni siquiera pude coger postre porque servían 4 trozos de pastel, todos con gluten.

Por otro lado, ofreciéndome comer del mismo menú que el resto de gente, ya supuse que el concepto de contaminación cruzada ni lo habían oído.  Para colmo, tardaban muchísimo entre plato y plato y los bebés de la mesa cada vez se desesperaban más, lloraban y los adultos poco podíamos disfrutar de la comida.

Al terminar de comer (y viendo que el café tardaría lo suyo) me llevé a mi hija mayor a visitar la granja.

La granja: fatal como experiencia educativa

Al llegar a la taquilla observé que la entrada de niño costaba 3,5€ y la de adulto 4,5€ pero supuse que ya que habíamos comido en el restaurante nos harían algún descuento ¡Me equivoqué!

Mi cara fue un poema cuando la chica de la taquilla me dijo que debía abonar la entrada de mi hija mayor, la de mi hija pequeña (16 meses tenía) ¡y la mía! Lo peor fue comprobar que había pagado por ver pocos animales, en dudosas condiciones y un parque poco adecuado para niños pequeños.

Niña con cabra
Mis peques disfrutaron de las cabras pero falta personal en la granja.

Al entrar a la granja una de las monitoras nos explicó que podíamos pasear, ver a las cabras y entrar en el recinto de los conejos. Luego se marchó y no apareció ningún otro trabajador en mucho rato. No me pareció bien que los animales se quedaran sin vigilancia. Mis hijas disfrutaron tocando a las cabras, viendo a los emús y entrando en el recinto de los conejos enanos. Pero yo pasé muy mal rato al ver a otros niños mayores, sin vigilancia, agarrando de mala manera a los conejos, lanzándolos y haciéndoles mil perrerías sin que ningún otro adulto los vigilara.

Creo que siempre debería haber personal de la granja supervisando a los visitantes, explicándoles las normas y asegurando el buen cuidado de los animales. No sé si fue casualidad que ese día no hubiera vigilancia pero desde luego fue una visita muy poco educativa. Para ver animales bien cuidados y con mejor relación calidad-precio optaría por el Granja Aventura Park sin dudarlo.

El jardín encantado: Toboganes del siglo pasado y falta de mantenimiento

Por último, visitamos el jardín encantado (que no es más que un pequeño parque de juegos) y tampoco nos dejó buen sabor de boca. Está en un entorno natural precioso pero hay un par de toboganes poco cuidados y mil peligros para los críos ¡Hay que ir con mil ojos!

Vale la pena destacar que en nuestro entorno no somos precisamente conocidos por ser unos padres súper protectores que tienen a sus hijas entre algodones, más bien lo contrario. Nuestras hijas conviven con perros, solemos ir a la montaña, ellas se ensucian, suben a los árboles, trepan por las rocas…Y aun así el “jardín encantado” me pareció muy poco adecuado para los niños pequeños.

puente sobre vegetacion del jardin encantado
El jardín es bonito pero con niños pequeños hay que ir con mucho cuidado.

Hay clavos saliendo de las maderas, ladrillos de construcción de por medio y un tobogán de metal de los que ya no se fabrican. Para mi gusto, tiene demasiados peligros innecesarios que te impiden relajarte mientras los niños juegan. Le vendría bien un poco de mantenimiento y modernizar el equipamiento.

No lo recomendamos ¡y menos aún para celíacos!

Para resumir la experiencia, diría que las niñas lo pasaron bien pero no creo que sea el sitio ideal para ir en familia. El restaurante y la granja son caros para el servicio y la calidad que ofrecen. Pero lo peor fue el hecho de que le colaran gluten en un plato a mi hija. Es mejor no ofrecer un menú para celíacos, avisar y yo habría llevado comida sin gluten de casa. El engaño nos costó una tarde con mi hija mayor encontrándose fatal y creo que es algo imperdonable.

En este restaurante falta mucho conocimiento de lo que implica ofrecer menús sin gluten y creo que deberían asumirlo y ser sinceros. Es mejor ser honesto, decir que no puedes asegurar platos sin gluten (ni contaminación cruzada) y ofrecer alternativas (como traer tuppers con comida de casa).

 

MI OPINIÓN DE CAN CASTELLVÍ

LO MEJOR

  • Servicio de monitores para niños mientras los adultos comen.
  • Entorno natural precioso para pasear.

LO PEOR

  • Nada adecuado para celíacos 
  • Precio del menú en relación a la calidad del servicio.
  • Precio de la granja.
  • Falta de personal en la granja.
  • Estado del parque de juegos.

¿CUMPLE LO QUE PROMETE?

¡Para nada! Se anuncian como restaurante ideal para ir con niños y a nosotros no nos lo pareció. 

¿VOLVERÍA A COMPRAR?

Lo dudo mucho. Deberían mejorar la atención, el trato, el menú para celíacos, el estado de la granja y del parque de juegos.

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